La primera hora después de abrir, entre semana, es el momento más tranquilo para visitar la sala. La luz es uniforme, el recorrido sigue fluyendo y los grupos guiados aún no se han amontonado en los aposentos papales. Si llegas más bien a última hora de la mañana, ten en cuenta que habrá menos espacio para dar un paso atrás y ver bien el techo.




























