Recorre el pasillo subterráneo, apenas iluminado, que en su día estuvo reservado a los emperadores. Las paredes de ladrillo recién restauradas, los techos abovedados y los suelos impermeabilizados ponen de manifiesto la precisión ingenieril de la antigua Roma. Los guías explican cómo Commodus utilizaba esta ruta para entrar en la arena sin ser visto.









